Con motivo de la Primera Conferencia Aeronáutica Panamericana, entre el 9 y el 17 de marzo de 1916  se reunieron en Santiago de Chile representantes de diversos países del continente. Debido a que la aviación era ya una realidad, era necesario comenzar a legislar sobre el espacio aéreo y establecer convenios para el uso de las futuras rutas que surcarían los cielos de América. 

Al encuentro asistieron delegados de Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Perú, Paraguay, Uruguay y finalmente, como representante del Aeroclub de Nueva York, EE.UU., el Precursor de la Aviación Mundial, el brasilero Alberto Santos Dumont, la figura más destacada del rubro durante el siglo, el pequeño gigante que deslumbró a París entre 1898 y 1909, primero con los vuelos de su esférico “Brasil” y luego con una serie de dirigibles que dieron fama a su nombre. 

El genio creador de Santos Dumont le permitió entregar a Francia y al mundo ese embrión de la ciencia aeronáutica que se llamó “14-Bis”, el que un 23 de octubre de 1906, se elevó en los campos de Bagatelle en un primer vuelo auspicioso. Era la técnica integrada a la máquina, la creación misma, que emprendía el vuelo de la mano con el siglo.